Como los poetas


Me cuesta confiar en la visión de esos entusiastas universitarios que siguen escribiendo poesía y cada vez que leen uno de sus versos sienten que abarcan la historia de la humanidad. Se me hace difícil, sobre todo, porque no me creen cuando les digo que sus libros se siguen vendiendo porque hay muchos poetas, amigos de poetas y novias de poetas. Soy uno de ustedes, les insisto, pero puedo verlo con claridad y me siento a gusto: aunque haya tantos en el mundo, no somos populares, ¿cuál es el problema?

No hay caso, se molestan, me tuercen los ojos y, claro, eso también lo entiendo.

Más o menos lo mismo me pasa con los envalentonados que se apasionan por uno u otro candidato presidencial en Venezuela y sienten que el fin (o el inicio) del mundo llegará en cada sufragio.

No me malinterpreten, a mí también me genera cierta ansiedad una elección presidencial, suelo opinar y leer posturas a gusto, sigo los procesos electorales, trato de informarme, no me siento superior, pero tampoco termino de confiar en la visión de esos fanáticos que apenas logran divisar dos grandes pedazos del pastel, en lugar de cuatro, o más, para hacer una lectura más justa del país en el que vivimos.

Visto de otra forma, se puede afirmar que en realidad lo que les tengo es una envidia cabrona, en el fondo quiero ser como cualquiera de ellos, no importa de qué bando. Porque están seguros, cómodos, no se hacen mayores preguntas y poseen una maravillosa y extraordinaria facultad para aferrarse a una idea clara, a un concepto duro, a una ceencia firme, cuentan con la rápida, concreta y ligera voluntad automática. Como los poetas que se leen unos a otros.

El detalle está en que esos dos grandes bandos, chavistas y antichavistas, sí son populares. Yo, y la gente –despreciada– que piensa parecido a mí, no; aunque sepa que voy a votar en contra de Chávez, una vez más y con sobradas razones que para mí funcionan y no pienso exponer acá. ¿Por qué? Porque no creo que de las diez o doce personas que leen este blog haya un solo chavista al que logre convencer a estas alturas para que cambie de opinión. Yo tengo la mía, ellos la de ellos, y eso lo respeto.

Eso sí, estoy seguro de algo: no voy a deprimirme al día siguiente si el gordo vuelve a ganar y tampoco voy a salir a la calle llorando de felicidad si Capriles Radonski da la sorpresa. He trabajado en planes culturales y editoriales con alcaldías del chavismo y de partidos de la oposición que son gobierno en sus regiones, pero nunca he vivido de ellos. Al contrario. En mis momentos de mayor crisis económica quienes me han socorrido han sido mi intelecto, mi astucia, mis canciones melancólicas y mis mejores amigos, no la empresa privada, ni el gobierno. Ellos son apenas una herramienta para hacer lo que me gusta.

Creo que es bien posible lograr una mejor calidad de vida para la clase media, a la cual pertenezco, y también estoy convencido de que este gobierno agotó su tiempo y no fue capaz de hacer de Venezuela un país productivo y sin graves problemas domésticos, estructurales y educativos. Pero el futuro, o el amor y los valores de mi hija no dependen de una ideología política ni de slogan propagandísticos y frases de autoayuda; los presidentes tarde o temprano terminan defraudando a la mayoría y los libros de poesía seguirán vendiéndose porque los poetas siempre sabrán leerse entre sí.

Más que un pronóstico, mi escenario para este próximo 7 de octubre es que siguen existiendo:

Alrededor de 11 millones de personas que no pueden votar. Alrededor de 4 millones que sí pueden, pero no lo hacen. Entre 6 y 8 millones que lo hacen por Chávez. Entre 6 y 8 millones que prefieren votar en su contra.

Bien o mal, es así. Y en esa amalgama de pareceres, con un sin fin de variables sociales, está el país que le tocará gobernar al que tiene 14 años haciéndolo mal, o al que pretende y promete hacerlo mejor, cada uno con el cinismo y la fe que exigen la política y el poder. Un país picado en cuatro o más pedazos donde hay dos grandes porciones que insisten en no querer reconocerse.

Sé que al igual que mis amigos poetas, ya me estás torciendo los ojos. Y está bien, como dije, eso lo entiendo, tampoco intento hacer un análisis político brillante y magistral, sino un genuino llamado a la reconciliación: no olvides que a pesar de esta ingenuidad que me estoy permitiendo en público, para que tus días puedan ser un poquito mejores, te guste o no, tendrás que aprender a convivir en armonía con el otro radical, ese que piensa distinto.

¿Que cómo puedes hacer? Mira la foto de arriba y si no la reconoces, pásale el mouse por encima. Dime si no encierra una etapa afortunada de la historia de la humanidad. Pura poesía.

Sigue leyendo

Cargando…

 

8 comentarios sobre “Como los poetas

  1. Pienso bastante similar a lo que escribes. De hecho no era nada optimista y me parecía insólito el triunfalismo. Pero yo necesito darme explicaciones, ver por qué seguimos esta pauta de maltrato como país.

  2. Me permiti compartir este texto en facebook.
    Espero que mas de 11 poetas puedan sentirse tan identificados como yo con estas reflexiones.
    Gracias.
    JT

  3. No te conozco. Leí tu texto a través de una amiga en el facebook y me movió el piso, mejor dicho, me lo puso más firme. Estoy muy de acuerdo contigo y ojalá más personas lo estuvieran. He leído cosas terribles de lado y lado, da asco. Dentro de esos 8 millones y los otros 6 y tantos hay gente clara, trabajadora, que en el fondo quiere lo mismo. Me robo tu texto para el facebook :-).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


6 + = 7

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>